BUENOS AIRES – LA GALERÍA OdA ARTE ABRE SUS PUERTAS A UNA EXPOSICIÓN DE JOSEFINA ROBIROSA

Con turno previo, el público podrá visitar la muestra Dibujos. Cinco momentos 1956-1993
La exposición de Josefina Robirosa en OdA es la primera en su larga trayectoria que reúne casi de manera exclusiva obras sobre papel y que son en su mayoría dibujos a lápiz o tinta, y en algunas se agregan breves intervenciones de pintura. Con criterios contemporáneos, se podría afirmar que su obra comenzó a través del dibujo y la abstracción. A esta muestra la integran cinco series que indican aproximaciones diversas de la artista al universo de la línea en distintos momentos de su trayectoria.

OdA galería de arte nace en 2015 en Buenos Aires fundada por Laura de San Martín, arquitecta y fotógrafa. OdA pone foco en el talento de artistas establecidos y de media carrera cuidando el lenguaje individual de cada uno, como así también incentiva la producción y difusión de artistas en formación brindándoles un seguimiento en su proceso creativo. OdA destaca en la búsqueda de sus artistas la diversidad de expresión, la singularidad y la belleza ya sea desde un enfoque conceptual como narrativo, buscando que emocione, sugiera y evoque al espectador.

A continuación, el texto curatorial elaborado por Mercedes Casanegra
“Visto como una actividad de final abierto, el dibujo
se caracteriza por la línea, que esta siempre
desenvolviéndose siempre llegando a ser.”

-Catherine de Zegher
Las primeras obras aquí exhibidas corresponden al año 1956, momento en el cual Robirosa recorría sus veinte años y daba sus primeros pasos en el medio artístico de Buenos Aires. En esa época resonaba la vigencia de la explosión del arte abstracto geométrico de mediados de los años cuarenta, y se propagaban diversos modos de abstracción lírica.

A ese momento pertenece un conjunto de obras sobre papel de tamaño entre pequeño y mediano. La artista se valió de líneas de tinta muy finas y sutiles, con algunas breves intervenciones de tempera o acuarela de color blanco, gris o azul. Recurrió también a ínfimos toques de tipo puntillista. Estas composiciones describen el recorrido de fuerzas centrípetas y ondulantes cuyo dinamismo es protagónico. Algunas cobran apariencia de espirales siderales y energías entrechocadas y restallantes.

Dibujo Nº1, 1956, es parte de la serie Paisajes estructurales, tempera sobre papel, tanto por su composición como por su técnica de barrido de la pintura responde a un tipo de abstracción que tuvo desarrollo en la década del ’50. Parecida composición aunque en otra escala fue la que inspiró la realización de un mural de 180 x 260 centímetros, emplazado en el Hospital Alvear de esta ciudad.

Dos de las tres únicas pinturas en la exposición, ambas de 1956, son de tamaño pequeño y se han reproducido en los libros editados sobre la artista. Son paisajes abstractos. El diseño de las formas circulares, soles o planetas, fue generado a través de un cambio de color en el trazo de la línea, del azul del cielo al amarillo-naranja del sol. Se trata de una pintura lineal.

A otro grupo lo integran cuatro obras de trazos negros sobre fondo sepia claro. Lo particular en ellas es que la artista no sólo proyectó como microformas específicas a los trazos y toques sobre el papel sino que también configuró en formas circulares a algunas de las composiciones. Y, todas poseen un dinamismo implícito lo cual las convierte también en composiciones cinéticas.
El conjunto Sin titulo (ca. 1959-1960) de técnica mixta sobre papel, de diecinueve piezas de dieciocho centímetros por doce cada una, son improvisaciones en tinta y aguada con toques de color anaranjado, ocre, negro y gris. Tanto los trazos como la restricción y elección de una gama estrecha de colores le da a este conjunto un clima que podría relacionarse con caracteres chinos o japoneses. Dado el tamaño pequeño de cada pieza, la exhibición del conjunto de manera parcial o total refuerza la idea de serie como si fuese posible una ‘lectura’ de cada una y del conjunto.
La naturaleza regresada a su centro es una serie de dibujos realizados entre 1973 y 1979 que la artista realizó después de un período de práctica geométrica óptica en el cual las bandas simultáneas de color fueron protagónicas. Hoy el taller de la artista cuenta sólo con cinco piezas de esta serie.

Se trata de composiciones de inspiración surrealista. La artista recurrió a paisajes o elementos de la naturaleza y figuras humanas tratados con huellas de abstracción, geometrización de planos y presenta de manera simultánea componentes figurativos, que de una manera original, aluden a paisajes de corte surreal. En algunos de ellos hay una conjunción entre figuras humanas y elementos de la naturaleza, como si se tratase de una relación simbiótica y de mutua transformación. El entorno natural se muestra en ellos como vegetación de hojas de enredadera, planos ondulados nevados con una figura humana yacente; un plano de nubes visto desde arriba y en el cual se observan rocas que surgen de allí; un corte rectangular en la tierra del cual emerge vegetación boscosa; un plano irregular de superficie marítima recortado del cual surge un gran cúmulo de oscuras nubes de tormenta, entre otros. La fragmentación, recurso formal y poético en estas obras, posee una condición positiva, no de fraccionamiento o cercenamiento, sino de plenitud a causa de ese encuentro íntimo e imaginario de dos orígenes, el natural y el humano.

Interesa destacar que en 1977 Barbara Duncan, historiadora de arte estadounidense, organizó la exposición colectiva Recent Latin American Drawings (1969 – 1976) en el Center for Interamerican Relations, hoy Americas Society, Nueva York. En esa oportunidad eligió como única ilustración para la tapa del catálogo, que reunía a numerosos artistas latinoamericanos, el dibujo Identificación (1975) de Robirosa, que pertenece a esta serie y que la curadora le había comprado para su propia colección un año antes a la artista en su taller de Buenos Aires al hacer la selección de obras para aquella exposición.

Robirosa le dio un extenso desarrollo a esta serie, que tuvo lugar después de una crisis personal con su obra abstracta geométrica y con la utilización del color que practicó hasta 1969.
En los años 1980s la artista comenzó una serie que caracterizaría de manera especial su perfil artístico y a la cual ella solía denominar “la serie de los bosques”. La obra Picada, 1980, óleo sobre tela, 135 x 120 cm, entre ellas, colección Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, fue tapa del primer libro que se realizó sobre la artista con mi autoría y editada por Ediciones de arte Gaglianone en 1997.

Aquella serie tuvo su versión de dibujos en tinta. En esta exposición la producción más próxima al presente son siete trabajos de aquel conjunto que tiene estrecha relación con la temática de los bosques. La construcción de aquellas obras en pintura era realizada en base a pinceladas y toques casi circulares. En dibujo aquellos fueron reemplazados por cortas líneas de tinta superpuestas a través de la inspiración de matas salvajes de finas ramas o pasto, con cierta relación al aspecto de fardos, aunque aéreos. Sin embargo, la intención de la artista no era realista. Las imágenes muestran poéticas formas más bien abstractas y aéreas de estos cúmulos, de estas matas vegetales, en un espacio que posee menos de natural que de abstracto, sin embargo, sugieren sutiles alusiones a su filiación con la tierra.

Esta exposición de Josefina Robirosa da cuenta del interés del dibujo como modo expresivo desde sus primeros periodos de su obra hasta los años 1980. Sin embargo, la artista nunca apeló al concepto académico tradicional de la disciplina. Se aproximó a otra idea del dibujo, el de la línea libre, independiente, que es la transferencia de este fundamental elemento del arte de todos los tiempos y todas las latitudes, a una dimensión libre, multifacética y generadora de infinitos mundos, como lo demuestra este conjunto de dibujos de Josefina Robirosa realizados a lo largo de veinticuatro años.