Existencias
Paralelas

04 · 04 · 2019

María Torcello

ACERCA DE

ACERCA
       DE

Existencias Paralelas

El Mago alza su varita al cielo y con la otra mano apunta a la tierra. Es el intermediario entre el mundo sutil y el material, la unión de ambos tiene lugar en la mesa donde esperan la transformación los cuatro elementos: aire, tierra, agua y fuego (espada, oro, copa y basto). Así se representa el Arcano I, El Mago, en el tarot. Ese espíritu mediador entre lo alto y lo bajo, lo sutil y lo denso, es uno de los motores de las esculturas de María Torcello. La mayor parte de su obra nace de la esfera que va logrando a partir del corte cilíndrico del lapacho. En la geometría sagrada la esfera es el reino espiritual que debe encarnarse. Esa es la transmutación que logra María en la serie que presenta: Existencias Paralelas – De la materia al espíritu.

Hay una tríada de obras referidas a la Estrella (XVII), la Luna (XVIII) y el Sol (XIX), Arcanos Mayores del Tarot. En la primera una mujer echa agua de dos ánforas a un río, ella sabe que el Universo es abundante y por eso el ego no necesita apegarse tanto al mundo material; María la transforma en una talla, El Aguador, que insinúa con sutileza el asa, la cavidad y el vientre de un cántaro, mientras que las vetas de la madera parecen correr como las aguas de un río. El Sol está resuelto a partir de cuatro curvas talladas que emanan de un eje y parecen girar como un remolino irradiando la luz y el calor del astro que representa el conocimiento intuitivo, el que la razón no puede explicar. La Luna es la más dinámica, según como se la mire, como se la recorra, parece contener todas sus fases cambiantes, y en uno de esos ángulos las vetas circulares parecen evocarla con su halo asomándose en un horizonte de mar. Los tres Arcanos superiores, el Sol, la Luna y la Estrella se sitúan en lo alto, en la bóveda celeste. Correspondencia, otra escultura, nos recuerda el segundo principio del Kybalión – el clásico texto hermético-: “como es arriba es abajo, como es adentro es afuera”; nos muestra el camino de la Unidad. A Correspondencia la acompaña Yin-Yang, en palabras de la escultora: “los extremos se tocan, no existe uno sin el otro”, insiste en el concepto de Unidad. La Semilla es una esfera que se separa como labios que pronuncian el primer sonido, como una flor que se abre o una mujer que da a luz al primer ser; y Hogar es una forma que se enrolla a sí misma, casi fetalmente, como sugiriendo que nuestro primer hogar fue el vientre materno, y también un indicador de caminos, más hacia adentro. En todas y cada una de las obras está presente el paso de la materia a lo sutil.

Constantemente María juega con la dualidad de vida-muerte en el lapacho que alguna vez fue plantado; figuración-abstracción, en las representaciones no obvias, siempre insinuadas; naturaleza-cultura, la quietud de las esculturas y el dinamismo de las vetas. Las formas abstractas e inmateriales se hacen figurativas y pesadas en cada obra. Ella domina la forma pero las vetas de la madera emergen a su capricho, busca la pieza perfecta y a la vez respeta la belleza de la imperfección (que los japoneses llaman wabi sabi)..

María, como El mago, invoca un Reino Superior, sutil, inmaterial y arquetípico que se hace tangible en sus esculturas; elige una forma perfecta, la esfera, que va desbastando hasta llegar a la escultura; elige la madera, que alguna vez fue árbol (universal y antiguo símbolo de la unión entre la Tierra y el Cielo), y nos ofrece un conjunto de esculturas delicadas y sólidas, insinuantes y concretas, con la secreta ambición de que también nosotros podamos elevarnos hacia aquel Reino donde todo es más puro y luminoso…

Julio Sánchez, abril 2019

La muestra Existencias paralelas está compuesta por nueve esculturas de madera (lapacho) realizadas con la técnica de talla directa por María Torcello. Dispuestas en el espacio central de la galería, marcando un recorrido en forma de espiral ascendente que representa el principio universal de armonía, belleza y perfección, que se produce en todos los niveles de la creación, conocido como la proporción áurea, la proporción divina, número de oro.

“En la búsqueda de ese patrón de creación universal, tanto en las formas externas como internas, encuentro una línea invisible que une todo lo que somos, hacemos y sentimos. Esa línea individual es la que marca el camino y eleva la manifestación de nuestro ser desde la materia hacia el espíritu. La dualidad no existe, el tiempo y el espacio desaparecen, y ahí, solo ahí, las formas expresan la luz del espíritu.

A través de esa línea encuentro puntos de conexión tanto en la historia personal como en la universal. Observando que aquello que perdura es la esencia del ser, esa manifestación del espíritu en la materia. Este es el motivo por el que dedico una parte de la muestra al HOMENAJE A JORGE MICHEL (1925 – 1991) con una escultura que lleva el nombre de DOS Y UNO. Esta obra inconclusa de Jorge Michel, quien fue mi abuelo y gran escultor argentino, ha llegado a mis manos como un divino tesoro, que protegió durante años y generosamente me entrego Pablo Larreta, compañero de trabajo y amigo entrañable de Michel (prólogo del homenaje). La escultura está compuesta por dos partes que intervine, y termina compartiendo con profundo amor y respeto, a través de las formas y líneas esa esencia universal que nos une a través del arte. Encontré la esencia de su alma, encontré su espíritu, y ahí comprendí que aquello que perdura más allá de todas las formas que conocemos es esa esencia. Esa esencia que ha marcado desde mi más temprana infancia esa búsqueda, ese camino en el cual hoy me encuentro.

Elijo la madera (lapacho) como materia para darle forma al espíritu. El trabajo para darle movimiento, suavidad y brillo a la madera es similar al trabajo que uno debe realizar con uno mismo. Al limpiar, tallar y pulir una madera, su brillo natural surge como por arte de magia. Queda al descubierto su naturaleza original y cuando eso sucede, el espíritu emana toda su luz. Esa naturaleza bella y pura es la divinidad. La expresión de esa divinidad es nuestro fin. El espíritu trasciende la forma, trasciende el tiempo y trasciende el espacio.

La disposición de las esculturas en el espacio y la forma que cada una de ellas representa, nos invita a volcar la mirada hacia adentro, buscando encontrar ese principio o patrón universal de la creación, esa esencia presente en todo lo que conocemos y lo que no. Despertar la búsqueda y el conocimiento de nuestra verdad fundamental. Buscarnos a nosotros mismos, a través de nuestra historia, nuestras elecciones, nuestro ser y encontrar la fuente del Todo.

La forma de manifestación más densa del ser es la materia, la más elevada es el espíritu. Los dos extremos existen simultáneamente. Llevar nuestra mirada hacia el aspecto más elevado, encontrar el propio sentido a la realidad y compartirla.

Un espacio donde la historia, la materia y el espíritu se entrelazan y se unen, existen simultáneamente y nos muestra este patrón universal conocido por todos, que nos guía y nos invita a encontrar nuestro propio camino hacia la perfección divina.

La mente tiene el conocimiento para manipular la materia y el amor tiene el poder no sólo de manipular la materia sino de crear sin esfuerzo algo material de la nada.

Conocernos y descubrir que el mundo sin magia, sin alquimia… es imposible, y que los magos somos nosotros. Encontrar la línea que le da sentido al todo y simplemente entregarse a ese movimiento cósmico, eterno e infinito.