Artists
Josefina Robirosa

Cinco momentos 1956-1993, dibujos

Visto como una actividad de final abierto, el dibujo se caracteriza por la línea,
que está siempre desenvolviéndose siempre llegando a ser.
Catherine de Zegher
La exposición de Josefina Robirosa en OdA, es la primera en su larga trayectoria que reúne casi de manera exclusiva obras sobre papel y que son en su mayoría dibujos a lápiz o tinta, y en algunas se agregan breves intervenciones de pintura. Con criterios contemporáneos, se podría afirmar que su obra comenzó a través del dibujo y la abstracción. Son cuatro series que indican aproximaciones diversas de la artista al universo de la línea en distintos momentos de su trayectoria.
1. Las primeras obras aquí exhibidas corresponden a los años 1956 y 1961, momento en el cual Robirosa recorría sus veinte años y daba sus primeros pasos en el medio artístico de Buenos Aires. En esa época resonaba la vigencia de la explosión del arte abstracto geométrico de mediados de los años cuarenta, y se propagaban diversos modos de abstracción lírica.
A ese momento pertenece un conjunto de obras sobre papel de tamaño entre pequeño y mediano. La artista se valió de líneas de tinta muy finas y sutiles, con algunas breves intervenciones de tempera o acuarela de color blanco, gris o azul. Recurrió también a ínfimos toques de tipo puntillista. Estas composiciones describen el recorrido de fuerzas centrípetas cuyo dinamismo es protagónico. Algunas cobran apariencia de espirales siderales y energías entrechocadas y restallantes.
Dibujo Nº1, 1956, témpera sobre papel, es parte de una serie a la que llamamos Paisajes estructurales. A pesar del título, esta tempera sobre papel, tanto por su composición como por su técnica de barrido de la pintura responde a un tipo de abstracción que tuvo desarrollo en la década del ’50. Parecida composición aunque en otra escala fue la que inspiró la realización de un mural de 180 x 260 centímetros, emplazado en el Hospital Alvear de esta ciudad.
Dos de las tres únicas pinturas en la exposición, ambas de 1956, son de tamaño pequeño y se han reproducido en los libros editados sobre la artista. Se trata de paisajes abstractos realizados con líneas horizontales apenas ondulantes que destacan la presencia de un círculo, un gran sol, y otro similar concibe un cielo con varios soles o planetas. El diseño de esas formas circulares, soles o planetas, fue generado a través de un cambio de color en el trazo, del azul del cielo al amarillo-naranja del sol, las líneas horizontales ondulantes completan la idea de cielo y atmósfera.
2. El conjunto Sin titulo (ca. 1959-1960) de técnica mixta sobre papel, de diecinueve piezas de dieciocho centímetros por veinticuatro cada una, son improvisaciones en tinta y aguada con toques de color anaranjado, ocre, negro y gris. Tanto los trazos como la restricción y elección de una gama estrecha de colores le da a este conjunto un clima que podría relacionarse con caracteres chinos o japoneses. Dado el tamaño pequeño de cada pieza, la exhibición del conjunto de manera parcial o total refuerza la idea de serie como si fuese posible una ‘lectura’ de cada una y del conjunto.
3. La naturaleza regresada a su centro es una serie de dibujos realizados entre 1973 y 1979 que la artista realizó después de un período de práctica geométrica óptica en el cual las bandas simultáneas de color fueron protagónicas. Hoy el taller de la artista cuenta sólo con cinco piezas de esta serie.
Se trata de composiciones de inspiración surrealista. La artista recurrió a paisajes o elementos de la naturaleza y figuras humanas tratados con huellas de abstracción, geometrización de planos y presenta de manera simultánea componentes figurativos, que de una manera original, aluden a paisajes de corte surreal. En algunos de ellos hay una conjunción entre figuras humanas y elementos de la naturaleza, como si se tratase de una relación simbiótica y de mutua transformación. El entorno natural se muestra en ellos como vegetación de hojas de enredadera, planos ondulados nevados con una figura humana yacente; un plano de nubes visto desde arriba y en el cual se observan rocas que surgen de allí; un corte rectangular en la tierra del cual emerge vegetación boscosa; un plano irregular de superficie marítima recortado del cual surge un gran cúmulo de oscuras nubes de tormenta, entre otros. La fragmentación, recurso formal y poético en estas obras, posee una condición positiva, no de fraccionamiento o cercenamiento, sino de plenitud a causa de ese encuentro íntimo e imaginario de dos orígenes, el natural y el humano.
Interesa destacar que en 1977 Barbara Duncan, historiadora de arte estadounidense, organizó la exposición colectiva Recent Latin American Drawings (1969 – 1976) en el Center for Interamerican Relations, hoy Americas Society, Nueva York. En esa oportunidad eligió como única ilustración para la tapa del catálogo, que reunía a numerosos artistas latinoamericanos, el dibujo Identificación (1975) de Robirosa, que pertenece a esta serie y que la curadora le había comprado para su propia colección un año antes a la artista en su taller de Buenos Aires al hacer la selección de obras para aquella exposición.
Robirosa le dio un extenso desarrollo a esta serie, que tuvo lugar después de una crisis personal con su obra abstracta geométrica y con la utilización del color que practicó hasta 1969.
4. En los años 1980s la artista comenzó una serie que caracterizaría de manera especial su perfil artístico y a la cual ella solía denominar “la serie de los bosques”. La obra Picada, 1980, óleo sobre tela, 135 x 120 cm, entre ellas, colección Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, fue tapa del primer libro que se realizó sobre la artista con mi autoría y editada por Ediciones de arte Gaglianone en 1997.
Aquella serie tuvo su versión de dibujos en tinta. En esta exposición la producción más próxima al presente son siete trabajos de aquel conjunto que tiene estrecha relación con la temática de los bosques. La construcción de aquellas obras en pintura era realizada en base a pinceladas y toques casi circulares. En dibujo aquellos fueron reemplazados por cortas líneas de tinta superpuestas a través de la inspiración de matas salvajes de finas ramas o pasto, con cierta relación al aspecto de fardos, aunque aéreos. Sin embargo, la intención de la artista no era realista. Las imágenes muestran poéticas formas más bien abstractas y aéreas de estos cúmulos, de estas matas vegetales, en un espacio que posee menos de natural que de abstracto, sin embargo, sugieren sutiles alusiones a su filiación con la tierra.
Esta exposición de Josefina Robirosa da cuenta del interés del dibujo como modo expresivo desde sus primeras periodos de su obra hasta los años 1980. Sin embargo, la artista nunca apeló al concepto académico tradicional de la disciplina. Se aproximó a otra idea del dibujo, el de la línea libre, independiente, que es la transferencia de este fundamental elemento del arte de todos los tiempos y todas las latitudes, a una dimensión libre, multifacética y generadora de infinitos mundos, como lo demuestra este conjunto de dibujos de Josefina Robirosa realizados a lo largo de veinticuatro años.
Mercedes Casanegra
Marzo 2020