El silencio en tres actos

02 · 09 · 2021

Adriana Kogoi

ACERCA
       DE

El silencio en tres actos

¿Dónde comienza y termina el silencio? ¿Tiene el silencio diferentes geografías? ¿Podríamos recorrerlas?

Está claro que en la presente obra de Adriana Kogoi el silencio tiene poco de estático, aunque a veces nos lleve a profundidades que pudieran restringirnos. Sin embargo, ese movimiento se da inadvertida y sigilosamente.

Si nos acercamos a sus negros intensos y a los grises como cenizas, descubrimos que las superficies están raspadas y desgastadas por la insistencia de sus dedos y de algún ocasional punzón. El papel, como materia y soporte, ha sido desgarrado en forma premeditada. Es en estos intersticios donde se filtran fragmentos de recuerdos. Estas marcas, a veces disimuladas, otras obturadas, nos remiten a aquellas que llevamos en nuestro interior. Pero también habitan en el afuera, en el paisaje, en la calle. Huellas, gestos, trazos, afloran, se esconden, cambian. Son parte del recorrido.

Justamente este movimiento, el de recorrer, es la forma en que Adriana comienza sus obras. Las grandes superficies de papel se disponen en el piso y la artista va y viene, lentamente, en una coreografía no planificada. Envuelve el silencio con su propio cuerpo. Algunos rastros se marcan, otros se desvanecen. En palabras de Barthes: “…se le pide a la piel que responda.”

No es casual, que el negro y el gris luego de ser cubiertos una y otra vez por capas de sentido (o de no-sentido) hayan dado sitio a un atisbo de color que agita la superficie. ¿Y ahora qué? Se descorre un nuevo velo. Nos movemos y habitamos temporariamente en los pliegues de un próximo lugar.

El silencio se convierte en danza.

Lucia Warck-Meister
Agosto 2021